Me cuenta también que, sorprendentemente, la mayoría de las ventas son a los turistas que van a ver la tienda original; no hay tantas ventas al público local de NY. ¡Y eso que es la tienda que más vende de NY!
Es un placer darse una vuelta, hay motos por todos lados, incluso una que pertenecía a Steve McQueen, que nunca fue usada desde que está en la tienda.
La onda del mobiliario es un “shabby chic”: está el escritorio original de Aaron Morse, una lámpara de techo antigua de cristal preciosa y muchas flores naturales blancas. Unas camisetas rockeras muy chulas para adultos y bebés están a la venta (muy a la Ed Hardy). Son una edición limitada, me cuenta Olga, y con las motos dan el toque “biker chic” a toda la tienda.
Merece mucho la pena ir, conocer la historia del barrio, y charlar con los empleados.
Están también las fotos “vintage” de la tienda hace 40 años: de la típica farmacia como las de todavía hay aquí en Europa (no olvidéis que el Sr. Kiehls era inmigrante europeo). Todo tiene una pátina de Viejo Mundo, hasta las botellas antiguas de boticario.
Los envases modernos de Kiehl’s siguen igual que siempre: simples, directas, pero a la vez llenas de significado. Herederas de un pasado ilustre, eternas como las cosas buenas, son los productos “de toda la vida”.
A vosotras, ¿qué es lo que os atrae de Kiehl’s?
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